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Con gran tristeza lamentamos la pérdida de Don Carlos Morales Troncoso.

Don Carlos era un gran hombre. Embajador en los Estados Unidos (1989-1990), Ministro de Asuntos Extranjeros (1994-1996, 2004-2014) y Vicepresidente (1986-1994).

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Pero para mi era un hombre muy humilde. Un señor a quien casi siempre le veía disfrutando un café en Crema, y siempre se tomaba el tiempo para saludar, no solo a Philip y a mi, sino a todo el que le saludaba.

Localmente Don Carlos se convirtió en el presidente de Gulf and Western Americas (hoy Central Romana) a la edad de 34 años, y aunque luego dedicó su vida a la politica, siempre mantuvó un rol activo en los asuntos del Central Romana y Casa de Campo.

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Aquí les traemos una carta a Don Carlos, escrita por otro gran hombre, Dr. José López Larache, Vicepresidente de Salud del Central Romana & Director del Centro Medico.

Don Carlos,

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¡Qué corta es la vida! Parece que fue ayer que en 1966, siendo yo un niño le conocí junto a mi padre, en la casa de nuestro vecino del Batey Higueral, Don Victor Arias.

Desde ese momento tuve su amistad y presencia en toda mi formación: Colegio La Salle en Higuey, la Escuela de Medicina de la PUCMM en Santiago, en mis inicios como médico del Hospital del Central Romana, y en especial, su apoyo a mi posgrado en el Hospital Monte Sinaí de la ciudad de Nueva York.

Recibimos siempre su respaldo solidario a todo proyecto de desarrollo social-comunitario de nuestros bateyes, Promoción Social, la construcción del primer sub-centro médico rural en Batey Lechugas, y las unidades médicas móviles para prevenir y tratar las enfermedades…

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…Y muchos años después, cuando las canas me llegaron, usted estuvo presente en el gran sueño: la inauguración del nuevo Hospital del Central Romana, para atender a sus amigos de los bateyes, de la furfural, de las calderas, de la factoría y de cualquier rincón del ingenio.

Luego, ¡cuántos sábados y domingos compartimos en Haras Higueral nuestra común pasión por los caballos! ¡Cuántas veces vimos los potrillos correr con la fuerza de la vida, y el orgullo majestuoso de los pura-sangre!

Nuestra última conversación fue hace dos semanas. Hablamos de la familia, de los potros que estábamos entrenando para polo, y de su salud.

De nuevo Don Carlos, ¡qué corta es la vida! Cuando lo tenemos todo, cuando sabemos tanto y la experiencia pesa más que un consejo…. empieza la partida.

En nombre de la Chimenea, del Batey, la Zafra y el Tiempo Muerto… con gratitud, un Adios, un Hasta Luego.

Me uno al dolor de su familia y del Pueblo Dominicano.

Dr. José F. López Larache