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La artista y curadora dominicana Patricia Encarnación, egresada de la Escuela de Diseño de Chavón, ha pasado más de una década en Nueva York desarrollando una práctica multidisciplinaria que conecta arte, investigación y comunidad. A través de proyectos como Tropical Limerence y su plataforma curatorial Ojos Caribe, explora cómo la identidad, la política y el sentido de pertenencia toman forma a través de las fronteras.
Sus primeros impulsos artísticos comenzaron en la década de 1990: pintando la pared de la sala con el esmalte de uñas de su madre, observando a las mujeres transformarse en el salón de belleza familiar o recorriendo la frontera dominicana junto a su padre.
El salón se convirtió en su primera aula, donde la estética y la supervivencia se entrelazaban. La frontera, por su parte, despertó preguntas sobre geografía y poder. “Esos dos espacios no eran opuestos, sino complementarios”, afirma. “Uno me enseñó a ver lo íntimo como un archivo; el otro, a cuestionar lo oficial”.

Descubrir un Lenguaje a Través del Arte
Para Encarnación, el arte no fue una revelación única, sino un proceso. “Mirar, escuchar y cuestionar se convirtieron en formas de relacionarme con la realidad”, dice. “El arte se convirtió en la herramienta para hacerlo”.
Desde niña, se sintió atraída por aquello que otros pasaban por alto. Esos instintos tempranos evolucionaron hacia una práctica que hoy abarca cerámica, video e instalación.
“Cuando empecé a traducir mis preguntas en materiales, me di cuenta de que eso era arte”, explica. “No por idealismo, sino porque me permitía sostener y compartir las preguntas que siempre han vivido en mí”.

Chavón: Método, Comunidad y Contexto
Tras finalizar la secundaria en 2009, Encarnación buscó un lugar que se sintiera “más grande que ella misma”. Lo encontró en la Escuela de Diseño de Chavón, donde se equilibraban la disciplina y la libertad creativa.
“Quería una escuela que me enseñara a pensar y a hacer al mismo tiempo”, recuerda. “Chavón ofrecía ese ritmo: probar, fallar, volver y afinar la mirada desde el propio territorio”.
Una postal con la obra del artista Koco Toribio la convenció de postularse. “Desde ese momento hice todo lo posible por entrar. Nunca me he arrepentido”.
Igual de importante fue el sentido de comunidad. “Gran parte de lo que no estaba en el currículo lo construimos nosotras mismas, a través de la crítica, la colaboración y la amistad. Esa red sigue sosteniendo mi trabajo hoy”.
“En Chavón aprendí que cada elección de material carga historias de clase, raza, género y lugar”, añade. “La forma nunca es neutral”.
Una Década en Nueva York
Construir una carrera en Nueva York, admite, ha sido tan exigente como gratificante. “La ciudad ofrece todo al mismo tiempo: recursos, contactos, ruido, y esa es la trampa. Si no filtras, te pierdes”.
Su enfoque ha sido intencional: decir no con frecuencia, postular a residencias y becas alineadas con sus valores y colaborar con instituciones que ofrecen colaboración real, no solo visibilidad.
“Las redes diaspóricas han sido esenciales”, señala. “Amigas, colaboradoras, colegas; personas que comparten herramientas, contactos y descanso”.
“El reto no es entrar, sino mantener tu voz una vez que lo haces”, agrega.
Repensar la Educación Artística
Como artista y curadora, Encarnación considera que las escuelas de arte deben preparar a los estudiantes para la práctica real, no solo para la técnica.
“Deben enseñar a pensar y crear con conciencia de clase, raza, género, migración y discapacidad”, afirma. “Los programas deben vincular teoría y territorio, involucrar a practicantes comunitarios e incluir laboratorios donde los estudiantes aprendan a presupuestar, construir y documentar su trabajo”.
También subraya la importancia de la ética: “Antes de exhibir ‘comunidad’, los estudiantes deben aprender sobre consentimiento, autoría compartida y compensación justa. No solo debemos evaluar el objeto final, sino el cuidado que hizo posible su creación”.

Ojos Caribe: Recuperar la Imagen en Movimiento
Su plataforma curatorial Ojos Caribe surgió al notar cómo el videoarte a menudo aparecía fragmentado en las galerías. “Queríamos un espacio donde los artistas caribeños pudieran hablar en primera persona, donde las obras circularan entre islas y diásporas sin ser filtradas por una mirada externa”, explica.
“Curar no es llenar un calendario, sino cuidar la duración, el sonido, el contexto, la traducción y el consentimiento”, afirma. “El video no solo muestra; teje conexiones entre quienes filman, quienes miran y quienes viven aquello sobre lo que la obra reflexiona”.
Tropical Limerence: Un Archivo Vivo
El proyecto a largo plazo Tropical Limerence comenzó en 2017 como una reflexión sobre el amor radical y el poder. Encarnación resignifica el término “limerence” no como romance, sino como “el apego obsesivo y extractivo del Norte Global hacia las comunidades de la Mayoría Global”.
El proyecto se despliega en capítulos en la República Dominicana, Puerto Rico, Martinica, Barcelona y Nueva York, combinando videoensayos, cerámica y trabajo de campo.
“Actúo como artista e investigadora a la vez”, explica. “Escucho, entrevisto, filmo y modelo objetos que funcionan como archivos vivos: cerámicas hechas con arcilla local, que cargan la misma complejidad que las conversaciones de las que provienen”.
Cada capítulo se construye en relación con el anterior. “No cierro uno antes de comenzar otro”, señala. “Existen en diálogo. Tropical Limerence es un método: escuchar, deconstruir y devolver una contranarrativa construida en comunidad”.

Sobre la Colaboración y la Escala
Trabajar con The Shed en Nueva York le permitió ampliar su proceso y su escala. “Impulsó el proyecto tanto estética como metodológicamente”, comenta.
Tras bastidores, gestionó desde presupuestos y seguros hasta logística y coordinación técnica. “Hubo un diálogo sostenido que protegió la integridad de la obra mientras resolvía lo operativo”.
“Lo más gratificante fue tratar la pieza como una conversación pública: cómo se mueven los cuerpos, qué escuchan primero, cuánto tiempo permanecen”.
Arte, Diseño y Vida Cotidiana
Encarnación ve el arte y el diseño como lenguajes paralelos. “Ambos parten de la curiosidad y la creación”, explica. “Pero el diseño suele responder a objetivos específicos, mientras que el arte abre preguntas sociales más amplias”.
“Quiero llevar la conciencia social del arte al diseño, y la claridad del diseño al arte”, añade. “Con el objetivo de que ambos campos se enriquezcan mutuamente, de modo que ni el diseño quede atrapado en lo puramente comercial, ni el arte aislado de la vida cotidiana”.

Consejos para Artistas Emergentes
“No existe un solo camino”, afirma. “Escucha las preguntas que ya viven dentro de ti y construye desde ahí”.
Anima a los artistas jóvenes a documentar su proceso, cuidar su salud y valorar su tiempo. “El trabajo no debería exigirte que te borres a ti misma”.
“Busca personas que te reten y te apoyen”, aconseja. “Aprende a hablar de contratos, presupuestos y tiempo. Valora tu trabajo y el de los demás”.
Sobre todo, concluye, “recuerda que tu voz importa. Venimos de lugares que a menudo son narrados por otros; tienes derecho a contar tu historia desde dentro, a tu propio ritmo y con tus contradicciones. Que el arte sea ese espacio”.
*Fotos cortesía de Patricia Encarnación. Entrevista inicial realizada por Mavel Tejeda para la Escuela de Diseño de Chavón.
